Casa Mariani Teruggi

El espacio de memoria Casa Mariani Teruggi, es testimonio del Terrorismo de Estado en la Argentina. Se mantiene idéntico al momento del ataque feroz por las fuerzas conjuntas, el 24 de noviembre de 1976. Puede ser visitado presencial o virtualmente.

Visita virtual

El Ataque

El 24 de noviembre de 1976, en pleno mediodía de un barrio periférico y tranquilo de la ciudad de La Plata, la casa fue atacada por las “fuerzas conjuntas” de la dictadura cívico-militar durante horas. Aterrorizaron a un barrio, a una ciudad. Asesinaron a cinco personas y robaron a Clara Anahí, la beba que aún no conoce su identidad como otrxs cientxs que debemos encontrar.

Clara Anahí Mariani

La hija de Daniel Enrique Mariani y Diana Esmeralda Teruggi nació el 12 de agosto de 1976 a las ocho y veinte de la noche, y no fue varón como todos creían, sino una beba de tres kilos y medio.

Sobrevivió al ataque con 3 meses y 12 días. Fue robada y se la privó de crecer junto a su familia, hechos que constituyen un delito de carácter permanente. Miguel Osvaldo Etchecolatz, y como tantos otros sabía dónde y con quiénes estás pero calló en nombre de dios. La dirección de inteligencia de la policía que él dirigió la fichó como “subversiva” a pesar de su corta edad.

Su abuela Chicha Mariani la buscó hasta su muerte. Entre todxs la seguimos buscando.

Clara Anahí Mariani

Perpetradores

Del operativo del 24 de noviembre de 1976 participaron el Regimiento 7o de Infantería, el Cuerpo de Infantería Motorizada, la Xo Brigada de Infantería, personal de Gendarmería, el Comando Táctico Operacional, la Comisaría 5o de La Plata, la División de Investigaciones, bomberos, enfermeros y personal de la Morgue.

Los generales Ramón Alberto Camps, a cargo de la policía bonaerense, Carlos Guillermo Suárez Mason, responsable del Primer Cuerpo de Ejército, Adolfo Sigwald, jefe de la Xo Brigada de Infantería, el jefe de la Dirección de Investigaciones Miguel Osvaldo Etchecolatz y los comisarios Osvaldo Sertorio, Oscar Ioppolo y José Clemente Forastiero, dirigieron en persona el ataque a la casa.

Gracias a la construcción de memoria y búsqueda de verdad por Chicha, sus abogadxs y todo un pueblo se encontró justicia para algunos de ellos que murieron en cárcel común. Otros nunca accedieron a dar testimonio como el director de La Prensa, Máximo Gainza Castro, o murieron indultados por el ex presidente Carlos Menem, ya en democracia. El extenso se va completando con el tiempo. Aquí algunos de ellos.

Carlos Guillermo Suarez Mason

Fue General de División, Jefe del Primer Cuerpo de Ejército y tuvo a su cargo más de 60 Centros Clandestinos de Detención y turtura. Huyó a Estados Unidos para no ser juzgado, en 1984. Lo detuvo Interpol en 1987, y en 1990 lo indultó el ex presidente Carlos Menem.

Fue el único de los altos jefes que rompió el pacto de silencio respecto del accionar de sus “colegas”, pero nunca aportó verdad sobre el ataque ni Clara Anahí.
Murió en el Hospital Militar Central, donde había sido trasladado desde la Cárcel de Devoto. Fue sobreseído por fallecimiento.

Ramon Juan Alberto Camps

Fue Coronel Militar y Jefe de la Policía Bonaerense. El creador del “Circuito Camps”, una red de 29 Centros Clandestinos de Detención y Tortura en la provincia. Fue condenado por delitos de lesa humanidad a 25 años de prisión.

Cumplió solo cuatro y murió en libertad, indultado por Menem.

Miguel Osvaldo Etchecolatz

Fue Comisario Mayor y Director de la DIPPBA, Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Tuvo a su cargo más de 20 Centros Clandestinos de Detención y Tortura y Maternidades clandestinas a cargo. Mantuvo el pacto de silencio de todos los casos por los que se lo juzgó.

Murió a los 93 años (2022) en cárcel común condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad y repudiado hasta por su hija que se quitó su apellido.

Entre ellos están la desaparición de lxs estudiantes de “La Noche de los Lápices”, el secuestro de menores como Clara Anahí , el asesinato de su madre Diana y la desaparición de Jorge Julio López quien desapareció por segunda vez, en democracia, mientras se lo estaba juzgando en 2006. Y nunca volvió a aparecer.

Hugo Alberto Guallama

Fue el Chofer de Etchecolatz y asesino de Diana Teruggi. Fue condenado a perpetua por lesa humanidad.

Máximo Enrique Gainza Castro

El Director de “La Prensa” fue testigo presencial del ataque a Calle 30, invitado por su amigo Ramón Camps. Chicha Mariani lo citó a dar testimonio, pero nunca lo hizo. Nadie se explica qué hacía en el operativo.

Y la lista sigue: Héctor Reynaldo Amuchástegui, Julio Cesar Garachico, Adolfo Sigwald, Carlos García, Osvaldo Sertorio, Norberto Cozzani, Santiago Antonini, Roque Carlos Alberto Presti, Marío Oscar Bazán, Juan Fiorillo, Pedro Alberto Zeballos, Cecilio Reynaldo Gomez, Miguel Oscar Ioppolo, José Clemente Forastiero, Nestor Ramón Buzatto, Jorge Luis Piazza, Luis María Gonzalez, Juan Rafael Pochelu, Juan Carlos Osterrieth, Carlos Alberto Rousse, Mario Oscar Pacheco…

Militantes

Diana Esmeralda Teruggi, Didi; Roberto César Porfidio, Abel; Daniel Mendiburu Eliçabe, Conejo; Juan Carlos Peiris, Beto; Alberto Oscar Bossio, El Negro, fueron masacrados en el ataque. Los cadáveres fueron inhumados en el cementerio municipal, en tumbas sin nombre.
Daniel Mariani, Cacho, fue acribillado meses después del ataque, el 1° de agosto de 1977. Su cuerpo y el de Diana fueron enterrados como NN. Cuando se abrieron los archivos de la DIPPBA, se comprobó que los cuerpos habían sido perfectamente identificados, pero nunca fueron entregados a sus familiares.

Diana Esmeralda Teruggi, Didi

1950 -1976

25 años. Platense. Le faltaban solo cinco materias para recibirse en la Licenciatura de Letras en la UNLP. Ayudante Alumna de la Cátedra Literatura y Cultura Latinoamericana en esa carrera. Casada con Daniel Mariani. Madre de Clara Anahí. Había sido condecorada como uno de los diez mejores promedios secundarios de la ciudad al egresar del […]

25 años. Platense. Le faltaban solo cinco materias para recibirse en la Licenciatura de Letras en la UNLP. Ayudante Alumna de la Cátedra Literatura y Cultura Latinoamericana en esa carrera. Casada con Daniel Mariani. Madre de Clara Anahí. Había sido condecorada como uno de los diez mejores promedios secundarios de la ciudad al egresar del Liceo Víctor Mercante donde tuvo por profesora a quien, sin saberlo, sería su futura suegra, Chicha Mariani. Militó en la Juventud Universitaria Peronista y Montoneros.

De niña se había criado rodeada de intelectuales ilustres: Su abuelo Bernhard Hildebrandt Dawson fue presidente de la Asociación Argentina de Astronomía. Genoveva Dawson, Kewpie, su madre, tenía un Doctorado en Ciencias Biológicas en la UNLP y una especialización en Botánica en Harvard. Su padre, Mario Egidio Teruggi, se había doctorado en Geología y especializado en Petrología en la Real Escuela de Minas de la Universidad de Londres. Fue decano y vicedecano de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNLP, miembro honorario de la Academia de Ciencias de Nueva York, director del Museo Nacional de Ciencias Naturales en Buenos Aires y el Departamento de Mineralogía y Petrología del Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Diana debe su segundo nombre al amor de su padre por la Geología.
Los fines de semana, los Teruggi iban al Rotary Club que su padre presidió, o al club de filatelia, donde Diana llegó a brillar en el ajedrez.

Nunca imaginaron aquel 24 de noviembre de 1976 en el que Etchecolatz gritó a su chofer el “Negro”, Hugo Alberto Guallama: “¡Bajála, Negro, que no se te escape!”. El disparo por la espalda la dejó tendida en el patio, cerca del limonero. Es probable que haya protegido a la beba con su cuerpo en medio de la balacera sin fin.

Daniel Enrique Mariani, Cacho

1948 -1976

29 años. Licenciado en Economía en la UNLP. Casado con Diana Teruggi, padre de Clara Anahí. Nació en Mendoza, pero llegó a La Plata cuando era pequeño. “Yo quería que fuera astrónomo, le habíamos pintado su pieza de azul marino, con galaxias y naves espaciales”, recordaba Chicha, su madre. Pero estudió economía. Luego de finalizar […]

29 años. Licenciado en Economía en la UNLP. Casado con Diana Teruggi, padre de Clara Anahí. Nació en Mendoza, pero llegó a La Plata cuando era pequeño.

“Yo quería que fuera astrónomo, le habíamos pintado su pieza de azul marino, con galaxias y naves espaciales”, recordaba Chicha, su madre. Pero estudió economía.

Luego de finalizar su secundaria en la escuela Carlos Vergara, candidateó para la Beca del American Field Service (AFS). La ganó y vivió un año en Chicago, en el Estado de Illinois, Estado Unidos.
El 14 de junio de 1972 se casaron con Diana. Para entonces, ya había publicado dos libros y se había recibido como Licenciado en Ciencias Económicas de la UNLP. Viajaron de luna de miel a Chile y conocieron el gobierno socialista de Salvador Allende: un antes y un después en sus vidas.

Era formal, sereno, ascético; muy rara vez se sacaba el traje. Nunca mentía; calculaba todas las respuestas con antelación. Era flaco pero fibroso, quizás por su práctica de judo durante años.

Daniel participaba en la Unidad Básica “Capuano Martínez” (16 entre 530 y 531). Los vecinos, en su mayoría obreros y changarines, lo habían bautizado Clark Kent por su traje, el maletín en la mano y sus anteojos gruesos. Llegaba directo desde el CFI, donde trabajaba, en Buenos Aires. Diana, lo acompañaba: charlaba con las doñas y les daba apoyo escolar a los chicos.

Supo que su beba había sobrevivido al ataque. No pudo duelar a su esposa. Sobrevivió en la clandestinidad hasta que, meses después, fue acribillado: el 1° de agosto de 1977 por personal de la Comisaría 4ta.
Luego del juicio Circuitio Camps fue rectificada su partida de defunción, donde constan los motivos de su muerte: asesinado por el Terrorismo de Estado.

Roberto César Porfidio, Abel

1944 -1976

32 años. Nació en Necochea. Le decían “Mortaja” porque sus padres eran dueños de una funeraria. Cuando llegó a La Plata trabajó vendiendo boletos del transporte Costera Criolla frente a Plaza Italia. Se recibió en la Universidad Nacional de La Plata como Profesor en Letras. Fue ayudante de la Cátedra Literatura Italiana y trabajador Nodocente […]

32 años. Nació en Necochea. Le decían “Mortaja” porque sus padres eran dueños de una funeraria. Cuando llegó a La Plata trabajó vendiendo boletos del transporte Costera Criolla frente a Plaza Italia. Se recibió en la Universidad Nacional de La Plata como Profesor en Letras. Fue ayudante de la Cátedra Literatura Italiana y trabajador Nodocente de la misma universidad; y delegado de ATULP y FATUN, sus representaciones gremiales, desde su pertenencia a la Juventud Trabajadora Peronista y Montoneros.

Su esposa, Beatriz Mariana “La Negrita” Quiroga, era profesora de Filosofía y la mamá de su beba, María Cecilia, que tenía solo diez meses al momento del ataque. Beatriz fue secuestrada en octubre de 1976, el mes anterior al ataque y permanece aún desaparecida.
Él quedó destrozado, en un luto silencioso obligado por la clandestinidad. Y tuvo que alejarse de su hija, María Cecilia: la beba fue dejada al cuidado de compañeros y Abel pudo verla solo los miércoles cuando llevaban a Clara Anahí con su abuela Chicha (en Calle 30 no podía haber dos bebés).

En la casa lo conocían como “Abel”, salvo Diana que lo cruzaba en los pasillos de la Facultad de Humanidades. Dormía en la habitación de huéspedes ocupando el lugar dejado por María Silvia Longhi (María Inés) y su hija Laura Alcoba unos meses antes. Estaba refugiado temporalmente en la casa al momento del operativo. Lo mataron el 24 de noviembre de 1976, miércoles, no llegó a ver a su hija.

Daniel Eduardo Mendiburu Eliçabe, Conejo

1955 -1976

25 años. Estudiante de Arquitectura en la UNLP. Trabajaba en el Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires. Su esposa estaba embarazada de 5 meses de su futuro hijo Pablo. Platense. Jugador de rugby en el club Los Tilos, integró la “Reserva del ‘72” un equipo de jugadores con fuertes convicciones políticas, por […]

25 años. Estudiante de Arquitectura en la UNLP. Trabajaba en el Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires. Su esposa estaba embarazada de 5 meses de su futuro hijo Pablo.

Platense. Jugador de rugby en el club Los Tilos, integró la “Reserva del ‘72” un equipo de jugadores con fuertes convicciones políticas, por la que recibió el banderín de honor.

Inició sus estudios secundarios en el Colegio Nacional “Rafael Hernández” y los finalizó en el Instituto Charles Charrier. Era habitué de los bares que eran furor de la época. Lo llamaban Gulliver.
Integrantes de la CNU -agrupación de extrema derecha con fuerte presencia en el Charles Charrier y la Facultad de Arquitectura- lo tenían amenazado antes de la dictadura. En la vereda de un pub incendiaron su Citroën Mehari. Después del Golpe muchos integrantes de la CNU se vincularon a los grupos de tareas de la Policía Bonaerense.
Era el más preocupado por la seguridad. Para él la defensa que suponía la compartimentación de los militantes ya no era suficiente. No quedaban refugios seguros: La Plata se había vuelto una enorme ratonera. Le había dicho a su esposa en la intimidad que podían ser ellos las próximas víctimas. Nunca llegó a pedir traslado a sus superiores.

Lo asesinaron en el ataque, cuando intentaba salir de la cocina. Cayó muerto cerca del limonero. Jirones de su camisa blanca bañados en sangre quedaron colgando de sus ramas.

Juan Carlos Peiris, Beto

1955 -1976

28 años. Nació en Médanos. Tenía un hermano mayor, llamado Jorge. Su padre era hojalatero y herrero. Eran judíos y peronistas. Los hermanos Peiris eran pequeños cuando su padre falleció de cáncer y su madre enfermó. Tuvieron que vivir en internados durante un tiempo. Al volver a Médanos con su madre, a sus 11 años, […]

28 años. Nació en Médanos. Tenía un hermano mayor, llamado Jorge. Su padre era hojalatero y herrero. Eran judíos y peronistas.

Los hermanos Peiris eran pequeños cuando su padre falleció de cáncer y su madre enfermó. Tuvieron que vivir en internados durante un tiempo. Al volver a Médanos con su madre, a sus 11 años, Juan Carlos trabajó cortando cabezas de ajo. Poco después partió hacia Bahía Blanca, siguiendo a su hermano que había comenzado a trabajar en Baicor S.A. colocando antenas de TV, armando radios y televisores. Aprendió el oficio.

Como trabajaba de colocador de antenas, por sus conocimientos técnicos en la Casa se ocupaba del manejo de la imprenta. Se había trasladado poco tiempo antes del ataque a la ciudad de La Plata.

Ninguno de los ocupantes de la casa sabría nunca su nombre verdadero, ¿habrán sabido otros datos virtuosos de su historia como que, por ejemplo, Juan Carlos supo ser campeón de ajedrez?
Él ocupó el lugar en la imprenta que dejó vacante María Silvia Longhi (María Inés) cuando se exilió con su hija Laura Alcoba.
Beto pudo ser quien cayó baleado cerca de la entrada al escondite de la imprenta.

Alberto Oscar Bossio, El Negro

1942 -1976

34 años. Médico. Casado con Olga Proclum con quien tuvo cuatro hijas. Platense de barrio El Mondongo, peronista de la primera hora, hincha fanático de Gimnasia y Esgrima La Plata. Su padre fue parte de la Resistencia Peronista y fue perseguido por el Plan Conintes. El Negro hizo la primaria en un colegio salesiano y […]

34 años. Médico. Casado con Olga Proclum con quien tuvo cuatro hijas.
Platense de barrio El Mondongo, peronista de la primera hora, hincha fanático de Gimnasia y Esgrima La Plata. Su padre fue parte de la Resistencia Peronista y fue perseguido por el Plan Conintes.
El Negro hizo la primaria en un colegio salesiano y la secundaria en el Colegio Nacional. Se recibió de Profesor Superior de Piano pero se orientó por la carrera de grado en Medicina donde se recibió en 1968.
Trabajó en la Clínica del Este, en el Policlínico San Martín y en una salita de Hudson. Fue Profesor Adjunto de la cátedra de Medicina Interna A de la Facultad de Medicina, y asumió como Subdirector de Sanidad de la UNLP en 1973, año en que fue a Ezeiza, junto a miles, a recibir a Juan Perón.
Casi toda su estructura en la organización -la de Sanidad- fue desaparecida o muerta en octubre de 1976. Fue el último en conocerse como víctima del ataque a la casa, gracias al testimonio de su hermana, Ana María Bossio.

La Imprenta

En el quincho había una falsa pared, detrás se ocultaba la imprenta. Una mesada con herramientas y un bajo mesada era lo único visible para el ojo desprevenido. Al accionar un ingenioso mecanismo, se pasaba al otro lado.
La falsa medianera tenía 15 cm de espesor y estaba hecha de materiales que disminuían el ruido de las máquinas. Tenía ventilación artificial, el aire entraba por un conducto disimulado en la chimenea de la parrilla; y el acceso era una puerta de 90 cms. por 60 en la parte inferior derecha de esa pared falsa, disimulada en el bajo mesada. El revoque grueso había sido dejado intencionalmente junto con los dos cablecitos sueltos que simulaban una obra a medio terminar. Al poner esos cables en contacto uno con el otro, la entrada a la imprenta aparecía como si alguien pronunciara las palabras mágicas “ábrete sésamo”.
Para no levantar sospechas en el barrio durante su construcción y el funcionamiento de la imprenta, a Daniel Mariani se le ocurrió una idea saludada por todos: el emprendimiento de producción y venta de escabeche de conejo.

UN SINGULAR MECANISMO

Guillermo García Cano o Paco era el ingeniero de la organización Montoneros que se encargó de idear los mecanismos de los embutes en las tres casas operativas de Montoneros.

Paco era bajito, morocho, corpulento y tenía una trayectoria intachable: había egresado de la carrera de Ingeniería Mecánica del Liceo Naval, y había sido gerente de Parafina La Plata, Aceros Gurmendi e YPF. Cuando lo secuestraron se llevaron con él esta valiosa información, la de las tres casas operativas de Montoneros cuyos embutes habían sido de su autoría. Las tres fueron atacadas en 48hs. provocando una masacre. En el libro “Dar la vida”, del escritor Lalo Painceira, es Chicha quien dice “yo no soy quién para juzgar la medida del dolor”, en referencia a que fue el ingeniero a quien utilizaron bajo tortura para ubicar las casas.

Evita Montonera

La revista número 13 de “Evita Montonera” fue la primera en imprimirse en la casa del matrimonio Mariani Teruggi en abril-mayo de 1976, y la primera tirada de las cuatro máquinas de última generación para la imprenta que habían entrado sigilosamente una noche, en la caja del Citroën. Costaba 10 pesos viejos y “Resistencia obrera, resistencia montonera”, se leía en su tapa.

Su editorial interpelaba a cada militante a ser un corresponsal en el barrio, la fábrica o la escuela. Y enumeraba el plan de miseria económica del ministro de Economía de la dictadura, Martínez de Hoz: “desocupación, bajos salarios, quiebra de las pequeñas empresas y despidos de empleados públicos”.

El mejor y más creativo camuflaje para la impresión de una revista que denunciaba con precisión el genocidio que estaba llevándose adelante en el país, era la cocina de escabeche de conejos. Esa pequeña empresa disimulaba olores, entradas y salidas generaba el movimiento que sirvió además para que pudieran construir el embute que ocultaba la imprenta sin levantar sospechas.

En la citroneta (Citroen Furgón AK-M28 gris) cargaban las cajas para repartir. En ellas había ejemplares recién impresos de Evita Montonera, camuflados por los tarros de conejo al escabeche en la parte superior. Si los detenían nadie sospecharía de su contenido, y el olor a tinta no sería notorio gracias al vinagre fuerte del escabeche.

La revista era el principal medio de comunicación de la organización en clandestinidad, tenía tirada nacional muy irregular: variaba entre los 10.000 y los 20.000 ejemplares. Su frecuencia también lo era: a veces era mensual, otras bimestral y en los últimos tiempos se editaba en la medida de lo posible.

Estaba dirigida a los miembros de la organización y era su principal herramienta de difusión de las directivas de la conducción, formación de cuadros, propaganda y medio alternativo de información para resistir a la censura impuesta.

La revista se publicó entre diciembre de 1974 y agosto de 1979, y tuvo un total de 25 números. En Calle 30 se imprimieron solo un par antes del ataque.

Para un régimen represivo asentado sobre el sigilo, el ocultamiento y la clandestinidad, esa imprenta reproducía un mensaje desafiante que no estaba dispuesto a tolerar. La dimensión del ataque fue proporcional a la organización informativa que evidenciaba la revista.

“Esta casa en La Plata servirá de ejemplo para las generaciones
venideras como la casa de Ana Frank en Amsterdam sirve como
símbolo de toda la feroz cobardía de Auschwitz. Los docentes
de la dignidad tendrán que traer aquí a sus alumnos para que
aprendan a ver con sus propios ojos lo que fue el terror de Estado,
con todas sus implicaciones de brutalidad y deshonestidad.”

Osvaldo Bayer, 24 de noviembre de 1999.

La casa, sitio de memoria

En junio de 1996 la Asociación Anahí empezó a funcionar regularmente, aunque la primera comisión directiva se oficializaría tres años más tarde. Recuperar como sitio de memoria la casa fue una de sus primeras tareas, junto con el acompañamiento a quienes buscan su identidad.
En el año 2003 el Congreso de la Nación anuló las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos. Y la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación declaró la Casa Mariani-Teruggi como Proyecto Cultural de Interés Nacional.

CASA MARIANI – TERUGGI CONSIDERADA

*De Interés Municipal por su valor histórico, el 22 de diciembre de 1998 (Decreto Nº 194).
*Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires, por el Senado de la Provincia de Buenos Aires (Ley Nº12.809 del 6 de diciembre de 2000).
*De Interés Nacional por la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación (Resolución S.C. Nº 1.068 del 7 de mayo de 2003).
*Monumento Histórico Nacional, por la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y lugares Históricos, el 8 de julio de 2004. (Decreto Nº 848 P.E.).

Asociación
Anahí